Sección
para parejas
RESUMEN DEL
LIBRO CONVERSACIONES CON DIOS
sobre Relaciones
amorosas
Debéis
tratar de no hacer de vuestro amor un pegamento que liga, sino más
bien un imán
que primero atrae,
pero que luego se gira y repele, para que aquellos a quienes atrae no empiecen
a creer que necesitan estar pegados a vosotros para sobrevivir. ...
Deja que tu amor lance a tus seres queridos al mundo, y a experimentar
plenamente quiénes son. Si haces esto, habrás amado verdaderamente.
Hay una manera de ser feliz en las relaciones y consiste en utilizarlas
para el fin que les es propio, y no para el que tú les has designado.
Las relaciones son una prueba constante; constantemente invitan a crear,
expresar y experimentar las más elevadas facetas de ti mismo, las
más magníficas versiones de ti mismo. Cuando
las relaciones humanas fracasan (en realidad, las relaciones nunca fracasan,
excepto en el sentido estrictamente humano de que no producen el resultado
que quieres), es porque se habían iniciado por una razón
equivocada. La mayoría de la gente inicia las relaciones con las
miras puestas en lo que puede sacar de ellas, en lugar de en lo que puede
aportar a ellas. El objetivo de una relación es decidir qué
parte de ti mismo quisieras ver "descubierta"; no qué parte de la
otra persona puedes capturar y conservar. Sólo puede haber un objetivo
para las relaciones, y para toda la vida: ser y decidir Quien Realmente
Eres.
Resulta muy romántico
decir que tú no eras "nada" hasta que llegó esa otra persona
tan especial; pero no es cierto. Y, lo que es peor, supone una increíble
presión sobre esa persona, forzándole a ser toda una serie
de cosas que no es. El objetivo de la relación no es tener a otra
persona que te complete, sino tener a otra persona con la que compartir
tu completud. He aquí la paradoja de todas las relaciones humanas:
no necesitas a una determinada persona para experimentar Quién
eres. Tu más acariciada esperanza se ref iere a tu otro
amado que es tu Yo. Deja que en la relación con otra persona, cada
uno se preocupe, no del otro, sino sólo y únicamente de Sí
mismo. El Maestro entiende que no importa lo que el otro sea, haga, tenga,
diga, quiera o pida. No importa lo que el otro piense, espere o planee.
Sólo importa lo que tú hagas en relación con ello.
La persona que más ama es la persona que está más
centrada en Sí misma. Debes aprender primero a honrarte, cuidarte
y amarte a Ti mismo. Debes verte a Ti mismo como estimable para poder ver
al otro como tal. Debes verte a Ti mismo como bienaventurado para poder
ver al otro como tal. Debes verte primero a Ti mismo como santo para poder
reconocer la santidad en el otro. Céntrate ahora y siempre en Ti
mismo. ******* El Maestro es aquel que ha vivido suficientes experiencias
como para saber por adelantado cúal es su elección definitiva.
No necesita "probar" nada. El Maestro es aquel que siempre responde
de la misma manera; y esa manera es siempre la opción más
elevada. En el momento crítico de toda relación humana,
sólo hay una pregunta: ¿QUE HARIA EL AMOR? Ninguna otra pregunta
es importante; ninguna otra pregunta es significativa; ninguna otra pregunta
tiene la menor importancia para tu alma. Y cuando se ha tomado
la opción absolutamente más elevada, el misterio desaparece,
el círculo se completa, y el mayor bien para uno mismo se convierte
en el mayor
bien para el
otro. Lo que te haces a Ti mismo, se lo haces al otro; lo que le haces
al otro, te lo haces a Ti mismo. Y ello, porque tú y el otro son
uno. No eres merecedor de castigo por ninguna ofensa, ni eres
capaz de cometerla, puesto que no hay nada "ofensivo" a los ojos de Dios.
No hay ningún camino que no pueda funcionar si estás dedicado
a la tarea de crear tu Yo. A una vida de completa libertad tu la llamas
"anarquía espiritual". Yo la llamo la gran promesa de Dios. No tienes
ninguna obligación en tus relaciones. Tienes únicamente oportunidades.
Las portunidades, no las obligaciones, constituyen la piedra angular de
la religión, las bases de toda espiritualidad. Si lo ves al revés,
entonces no lo entiendes. El matrimonio es un sacramento. Pero no debido
a sus obligaciones sagradas, sino más bien porque constituye una
oportunidad inigualable. En el contexto de las relaciones, no hagas nada
porque lo percibas como una obligación. Hagas lo que hagas, hazlo
con la percepción de la gloriosa oportunidad que las relaciones
te proporcionan para decidir y ser, Quién Realmente Eres. En las
relaciones procura no confundir la duración con el trabajo bien
hecho. Recuerda que tu tarea en este planeta no consiste en ver cuanto
tiempo puedes mantener una relación, sino en decidir y experimentar,
Quién Eres Realmente. Las relaciones de larga duración
proporcionan notables oportunidades para el crecimiento mutuo, la expresión
mutua y la mutua satisfacción; y ahí radica su propia recompensa.
Si ambos estáis de acuerdo a un nivel consciente de que el objetivo
de vuestra relación consiste en crear una oportunidad, no una obligación;
una oportunidad de crecimiento, de auto-expresión plena, de elevar
vuestras vidas a su máximo potencial, de subsanar cualquier falso
pensamiento o idea que hayáis tenido de vosotros mismos, y de la
unión final con Dios a través de la comunión de vuestras
dos almas; si asumes este compromiso, en lugar de los compromisos que has
asumido hasta ahora, la relación se habrá iniciado con muy
buen pie, habrá tenido un muy buen principio. Sin embargo, eso no
garantiza el éxito. Si quieres garantías en la vida, entonces
no quieres la vida. Quieres ensayar un guión que ya ha sido escrito.
Por su propia naturaleza, la vida no puede tener garantías; de ser
así, todo su propósito se vería frustrado Ensancha
tu horizonte. Aumenta la profundidad de tu visión. Trata de ver
más en ti de lo que crees que se puede ver. Trata también
de ver más en tu pareja. Nunca perjudicará en nada a tus
relaciones- ni a nadie- el hecho de que veas en los otros más de
lo que ellos te muestran, puesto que hay más. Mucho más.
Es únicamente su miedo lo que le impide mostrártelo. Si los
demás notan que tu ves más en ellos, no temerán mostrarte
lo que tú, evidentemente, ya veias. Digamos que las personas tienden
a ver en sí mismas lo que los demás vemos en ellas.
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