Hay en el perdón una fuerza espiritual liberada que genera en lo más hondo de
nuestro ser una inexplicable sensación de paz interior, de agradable sensación
de libertad que hace renacer en nosotros las ganas de amar y de reiniciar la
vida.
Con el sentimiento de venganza ocurre todo lo contrario: nos sentimos esclavos
de una angustia extraña que nos devora y apriciona nuestro animo, sumiendonos
en una agonía atroz que nos ciega y nos impide ver cuan equivocados estamos.
Y es que ser vengativos es ser suicida, pues morimos en cada rafaga de odio
que emana de esas fuerzas negativas que volcaniza nuestro interior. Es, el sentimiento
de venganza, como una termita que, sin darnos cuenta, nos corroe dentro, muy
profundamente, sin que podamos advertirlo. De aqui que cada acto de venganza
sea una batalla perdida en el plano espiritual. La venganza clama por sangre,
el perdón no; la venganza es camino hacia la sombra, hacia la confusión; el
perdón es camino hacia la luz y el entendimiento.
Aquel que vive alimentando el sentimiento de venganza muere lentamente y en
torno a él lo trágico exhibe su feo rostro. El que perdona está mucho más cerca
de la felicidad que el vengativo y casi siempre le rodea la paz y el amor. Es
la venganza un peligroso laberinto donde todo es oscuro; el perdón, en cambio,
nos conduce por un sendero iluminadoen que podemos alcanzar a ver el horizonte
azul de la vida.
El vengativo, dispuesto al desquite, a causar daño a quien le ha ofendido, tiene
atormentada el alma y sufre. Olvida-o desconoce- él lo que sabiamente dijo Francois
de la Rochefoucauld: "Vengarse de una ofensa es ponerse al nivel de los
enemigos, perdonarsela es hacerse superior a ellos". Y en esta misma linea
de pensamiento del célebre escritor francés, encontramos en la biblia el siguiente
consejo: "No devuelvan mal por mal" (Romanos 12:17). Pocas cosas pueden
causar más placer que el perdonaer; pocas acciones del hombre pueden producir
mayores energías positivas que la acción de perdonar. Decir "te perdono"
-dos palabras, nueve letras- puede transformar dos vidas o mas... hasta pueblos
enteros. Es coger un día -una mañana o una noche quizás- y reflexionar a partir
de eso que sentimos contra alguién -una amiga, un vecino, un hermano, un compañero
de trabajo- puede contruir un buen comienzo para ejercitarnos en el perdón como
fuerza espiritual liberadora.
Amanecer con un perdón en los labios para armonizar es una hermosa y positiva
manera de iniciar un nuevo día, que podría ser -según la dimensión de lo perdonado-
el inicio de una nueva vida. Yo lo he hecho y el resultado ha sido maravilloso:
ver el rostro sonriente de uno de mis hijos.