Como
Vivir
Tomado del libro inédito " Entrar en la Luz "
El hombre habitualmente vive siguiendo un programa, en función del cual
hace todo tipo de esfuerzos y sacrificios. Vive según ideas, generalmente
aprendidas y copiadas de otros, sin responder plenamente a la existencia.
Muchas veces, para no decir siempre, lo que llamamos fracaso en la vida, es
en realidad el fracaso del programa que nos habíamos hecho. En verdad,
si aceptamos que hemos venido a la vida a vivir, nunca podremos fracasar. Pero
si hemos hecho de la vida nada más que un medio para obtener cosas y
reconocimientos, y el fin no es vivir para vivir, entonces estamos expuestos
al fracaso.
Son muchas las razones que nos pueden conducir al fracaso: si no somos espontáneos,
si no vivimos la vida con sencillez y naturalidad, sino que nos imponemos modelos
diseñados por otros, o nos empeñamos en ser cómo los demás,
a sabiendas de que somos únicos e irrepetibles, favorecemos la posibilidad
de despeñarnos por un desfiladero.
Si nos empeñamos en nadar contra la corriente, si no aprendemos a respetar
la evolución natural de las cosas y pretendemos imponer nuestra voluntad
a como de lugar, podremos ir forjando nuestro propio infortunio.
Si para todo lo que hacemos, calculadamente esperamos sacar la mejor parte,
y conectarnos con las personas con la sola intención de manipularlas,
habremos sido responsables del maltrato, del rechazo y del ostracismo a que
los demás nos habrán condenado.
Si nos relacionamos con falsedad e hipocresía no tiene sentido esperar
que los demás sean sinceros y transparentes con nosotros. Se ha repetido
hasta el cansancio que la vida es como un eco, nos devuelve aquello como nos
manisfestamos. De aquí que se diga con toda razón si quieres ser
amado, ama; si quieres ser respetado, respeta; si quieres recibir, da, y en
ese orden de cosas hasta el infinito.
Es bueno que, cuando las cosas no están saliendo de una manera que es
la que esperamos y deseamos, preguntarnos en que forma estamos colaborando para
que ello suceda así. La teoría de que los malos, ingratos, desconsiderados
y falsos son los otros, no corresponde a la verdad verdadera. Con todo el dolor
que pudiera causarnos tenemos que admitir que, consciente o inconscientemente
somos arquitecos de nuestro propio destino. Quien no lo entiende así,
y actúa en consecuencia, se expone a hacer de su vida una cadena de fracasos.