Gran parte de los condicionamientos
en las tradiciones occidentales durante el último siglo
y medio nos ha invitado a pedir que circunstancias específicas
en nuestro mundo cambien a través de la intervención
divina; que nuestras plegarias sean respondidas. En nuestras
bien intencionadas peticiones, sin embargo, inadvertidamente
podríamos estar dándole el poder a las mismas
condiciones que estamos cobrando para pedir que cambien. Por
ejemplo, cuando pedimos “Querido Dios por favor, permite
que haya paz en el mundo”, en efecto estamos estableciendo
que la paz no existen en el presente. Las tradiciones antiguas
nos recuerdan que las plegarias en las que pedimos son sólo
una forma de orar, entre otras formas.
También existen otras
que nos llevan a encontrar paz en nuestro mundo a través
de la cualidad de los pensamientos, sentimientos y emociones
que creamos en nuestro cuerpo. Una vez que permitimos las
cualidades de paz astralmente pidamos combustible a nuestra
oración a través de sentimientos de paz en nuestro
cuerpo, el quinto modelo de oración establece que el
resultado ya ha ocurrido. La ciencia cuántica ahora
toma esta idea y la lleva un paso adelante, estableciendo
que son precisamente esas condiciones de sentimientos a las
que la creación responde, igualando el sentimiento
con qué hacemos la oración en nuestro mundo
interior, con condiciones similares en el mundo exterior.
Aunque el resultado de nuestra
oración pueda aún no haber aparecido en el mundo
exterior, estamos siendo invitados a reconocer nuestra comunión
con la creación y a vivir como si nuestra oración
ya hubiese sido escuchada. A través de las palabras
de otros tiempos, los antiguos nos invitan a recobrar el modo
antiguo de orar como un estado permanente de conciencia en
el que nos convertimos, en vez una forma prescrita de acción
que llevamos a cabo ocasionalmente.
En palabras que son tan simples
como elegantes, que nos recuerda que nos rodeemos de la respuesta
a nuestras plegarias y los envolvamos en las condiciones que
escojamos experimentar. En el moderno idioma, esta descripción
nos sugiere que para efectuar cambios en los mundo, primero
necesitamos experimentar los sentimientos de que el cambio
ya ha ocurrido.
Conforme la ciencia moderna continuaba ligando la relación
entre los tus pensamientos, sentimientos y sueños con
el mundo que nos rodea, se hace más claro ese puente
olvidado entre nuestras plegarias y aquello que experimentamos.
La belleza de ésta tecnología interna se halla
en que está basada en condiciones humanas que ya poseemos.
El descubrimiento del gran código Isaías en
las cuevas del mar muerto en 1946 ha revelado las claves sobre
nuestro papel en la creación que estuvieron perdidas
en el siglo 4 A.C.. Entre estas claves se encuentran las construcciones
de un modelo perdido de orar en la ciencia cuántica
moderna, que tiene el poder de sanar nuestros cuerpos, traer
paz duradera a nuestro mundo y prevenir las grandes tragedias
que podría enfrentar la humanidad. Cada vez que empleamos
ésta tecnología interna, experimentamos el efecto
Isaías..
Desde
esta perspectiva, nuestro uso y aplicación de la oración
basada en los sentimientos dejar de ser menos acerca de crear
este o el otro resultado y se convierten más en acceder
al resultado deseado que ya está creado. Mientras las
antiguas y las modernas tradiciones parecen estar de acuerdo
en la existencia de muchas posibilidades, los cuestionamientos
han sido siempre sobre ¿como despertamos un resultado
específico y lo hacemos real en nuestras vidas actuales?¿Como
podemos llamar a la posibilidad de paz en nuestro mundo, por
ejemplo, o salud de nuestros cuerpos, posibilidades que ya existen,
cuando los eventos de nuestro mundo muestran condiciones de
violencia y desastre? La respuesta a esta pregunta, y la clave
del efecto Isaías, está fundada en develar el
misterio de la oración basada en el sentimiento.
Los
antiguos decenios no recuerdan que hay una poderosa relación
entre lo que pasa en nuestro mundo interior de sentimientos
y las condiciones del mundo que nos rodean. Quizá increíblemente
sencilla esta relación establece que la comisión
de nuestra salud, nuestras sociedades, e incluso los patrones
del clima, son espejos de la manera en que vivíamos con
la vida interiormente. Experimentos recientes en la ciencia
de las energías sutiles y la física cuántica
ahora arrojan credibilidad precisamente a esas tradiciones.
A
través de un lenguaje que apenas estamos comenzando a
entender, Isaías nos muestra cómo acceder a las
posibilidades ya creadas de salud, paz y cooperación
y traerlas a la realidad de nuestras vidas. Ya que nuestro mundo
exterior de acción refleja nuestro mundo interior de
sentimientos. Es precisamente el poder de este sentimiento el
que atrae a la vida nuestras oraciones. Nuevas investigaciones
sugieren que cuando sentimos gratitud respecto al cumplimiento
de nuestras oraciones, se crean nuevas redes neuronales que
hacen que se presenten mas y mas “milagros” constantemente
en nuestras vidas.
Comprender
que los resultados empatan con los sentimientos puede ayudarnos
a entender lo que ocurre cuando parece que nuestras oraciones
no son respondidas. Por ejemplo, mientras experimentamos enojo,
de los ocurre en nuestras relaciones, ¿por qué
nos sorprende ver esas mismas cualidades reflejadas como enfermedad
en nuestros cuerpos, nuestras familias, escuelas, lugares de
trabajo y las condiciones sociales alrededor de nosotros? La
ciencia ha demostrado que cada sentimiento experimentamos, crea
todo una química en nuestro cuerpo (la química
del amor y del odio se discute en los libros de Isaías
y Walking Between the Worlds). Las buenas noticias son que conforme
respondemos a los retos de la vida a través de compasión,
alabanza, agradecimiento, consciencia, amor, tolerancia y paz,
podemos experimentar todas estas condiciones en nuestros cuerpos
y mentes y ver el efecto extendido al mundo que nos rodea..
Albert
Einstein dijo una vez que no podemos resolver un problema con
el mismo pensamiento que creó el problema. El poder de
la indenominada oración basada en el sentimiento, representa
una oportunidad para dirigir los grandes retos de nuestro tiempo
conforme a un nuevo paradigma de entendimiento consciente y
sentimientos que reflejen aquello que deseamos experimentar.
En
lugar de imponer nuestras creencias respecto a una situación
específica, nuestro perdido modo de orar nos recuerda
que nada necesita ser creado, ya que cualquier resultado que
podamos imaginar para dicha situación ya está
presente. Podemos servir mejor sintiendo primero el resultado
de cada condición que deseamos experimentar en nuestro
mundo, tal como la paz y la cooperación entre gobiernos
y naciones, por la prosperidad que sólo podrá
venir con la igualdad de trato para toda la gente y honrar toda
forma de vida.
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