Bernie,
el pájaro que tenía miedo de volar
Canalizado
por Kryon para Niños
Canalización en Vivo, Dallas, Texas, 1998
http://www.kryon.com
De
Lee Carroll
Desde hace algunos años muchos me preguntaban si era
posible tener una canalización de Kryon para niños.
Desde que todo el asunto de los Niños Índigo se
publico por primera vez en un libro de Kryon (libro VI de Kryon,
En Sociedad con Dios), parecía muy apropiado que Kryon
pudiese y quisiese hacer tal cosa.
Por lo tanto, para aquellos que preguntaron, presentamos una
de las dos canalizaciones de Kryon que fueron registradas y
transcriptas cuando estuvimos con niños en un seminario
en Texas hace algunos años. En este caso, el salón
estaba lleno de niños cuyas edades variaban entre tres
y doce años. ¡Además, había un par
de criaturas y algunos padres y mayores que también quisieron
venir! La presentación comienza con mi introducción
y enseguida Kryon se dirige directamente a los niños.
Fue publicada primero en The Sedona Journal of Emergence en
2001. Fue enterrada en un armario todos estos años y
sólo recientemente fue descubierta y transcripta.
Lee hablando en vivo...
¡Hola,
chicos! Bienvenidos, todos ustedes, niños. Veo que el
más pequeño tiene unos dos meses de edad y el
mayor tiene unos 74. No levante la mano si es el mayor, ¡yo
sé quién es usted! (risas). Este es un acontecimiento
inusual. Antes sólo hice esto una vez y me imagino que
eventualmente se dará el caso de que esta corta canalización
particular se publique algún día en un libro.
¡Pero si hacemos una de éstas por año, tomará
décadas recopilar un libro! (risas)
Si ustedes están aquí y tienen entre 9 y 20 años,
me disculpo porque tuvieron que venir a la canalización
de los niños, porque todos nosotros sabemos que ustedes
ya no son chicos, ¿no es cierto? (guiño, guiño).
Pero esto en realidad es para todos nosotros, aunque los niños
estén aquí sólo para esto. (Un niño
de la audiencia grita. Lee hace una pausa y mira al niño.)
¡A veces me siento igual que tú! ¡Pero yo
no puedo hacer eso! Los adultos no me dejarían.
Bien, esto es sólo para los chicos. Yo no sé si
ustedes saben qué es una canalización, pero no
es espeluznante ni raro, porque incluso ustedes lo hacen a veces,
sólo que no lo admiten. ¡Yo sé que lo hacen!
Es cuando hablan con sus ángeles y obtienen respuestas.
Algunos de ustedes incluso ven a los ángeles, pero no
les hablan a los adultos de eso. Esto es lo que va a pasar ahora:
Yo soy Lee Carroll. Ese es mi nombre y voy a reunirlos con un
ángel que se llama Kryon. Puede que no vean al ángel
ni ningunas alas grandes o cosas por el estilo, pero voy a cerrar
mis ojos y vamos a tener un mensaje especial para ustedes de
un ángel especial. Probablemente escucharon antes el
nombre de Kryon, porque por eso están todos estos adultos
sentados aquí con ustedes. En realidad, ellos los trajeron
a ustedes aquí. Pero este tiempo es para ustedes, así
que pretendan que ellos no están en el salón.
Esto tiene que ver con el ángel especial Kryon y el mensaje
especial que es sólo para ustedes. Ustedes no tienen
que cerrar sus ojos cuando yo lo haga. De hecho, ustedes no
tienen que hacer nada, pero los invito a que sólo observen
y escuchen. Cuando Kryon llegue, es posible que haya un cuento
para ustedes... veamos qué sucede.
(Todos se aquietan.)
Saludos, queridos míos, y pequeñitos, ¡de
verdad yo soy Kryon del Servicio Magnético!
No dejen que eso los confunda, porque en realidad yo soy un
ángel y hay algo en mí que no es igual para ustedes
que para los adultos presentes. Se debe a que yo nunca fui un
ser humano, ¡nunca! Aunque sea difícil de explicar,
esto quiere decir que tengo algunos de los sentimientos de un
niño. Eso también significa que puedo entender
lo que están pensando. ¡Eso me permite amarlos
y ayudarlos mejor!
Antes de comenzar con nuestra historia, vamos a hablar a los
que son un poco mayores que ustedes, a quienes también
están en este salón y a los que están leyendo
las palabras en una página que se imprimirá algún
día. Tengan paciencia por un momento mientras les hablamos
a ellos. Luego comenzaremos nuestra historia.
Para aquellos de ustedes, queridos míos, que ya no son
más niños, pero que pueden acordarse de cuando
lo eran hace algunos años, queremos recordarles algo:
¿Se acuerdan cuando eran pequeños y observaban
a los adultos? Quizá veían algo en los adultos
de lo que nunca hablaron porque era demasiado íntimo,
pero yo sé lo que pensaban en aquel entonces. Ustedes
miraban a los adultos y se decían a sí mismos:
“¡Yo no quiero ser así porque los adultos
perdieron su alegría! No se ríen. Ya no saben
cómo jugar.“
Así que el mensaje para ustedes es éste: ¡No
pierdan la alegría del niño, porque la alegría
de los pequeños que se sientan aquí es preciosa!
¡Es el catalizador para la iluminación! La alegría
puede ser retenida toda la vida. ¡Ustedes pueden jugar
todavía! Es un tiempo precioso para ustedes, pero es
el tiempo en que serán capaces de olvidar esa diversión
también. Es su elección.
Hay un dicho que usan los adultos que es más o menos
así: “Cuando era niño, hablaba y pensaba
como niño, pero cuando crecí, deseché las
niñerías.” Ahora les decimos, “¡No
desechen las niñerías! Sostengan la alegría
que siempre estará allí y es el secreto para encontrar
al ángel invisible dentro de ustedes.”
Ahora vamos a los pequeñitos. Ahora les hablo como un
ángel y tengo un mensaje que ni siquiera los mayores
escucharon antes. ¿Ustedes sabían, chicos, que
los ángeles nunca crecen? ¡Es la verdad! Siempre
tienen la misma edad. Los mayores ven ángeles grandes
y piensan que son ángeles que crecieron, pero no es así.
Siempre son niños en cuerpos grandes. Siempre tienen
la misma edad. Es una especie de secreto, pero creo que ustedes
saben todo al respecto, ¿no es cierto? Tenemos algo más
que decirles y es esto: Hay un ángel con ustedes todo
el tiempo. ¿Lo sabían? Me podrán decir:
“Yo nunca vi a mi ángel. ¿Qué quieres
decir, Kryon?” Les diré.
Conozco un cuento sobre una criaturita que también tenía
el mismo problema. Solía decir: “Nunca vi algo,
así que ¿cómo sé que está
ahí?” Es un cuento sobre cosas que no se ven que
justamente son para ustedes. ¡Este ángel, Kryon,
que les está hablando en este instante, también
es un niño y sabe cómo contar estas historias
con la ayuda de mi socio, Lee, quien tampoco creció!
(risas)
Nos gustaría contarles la historia sobre Bernie, un pájaro
que era el pájaro que tenía miedo de volar. Queremos
contarles el cuento de cómo ocurrió, porque es
una historia maravillosa, contada una y otra ven en la tierra
de los pájaros. Todos los pájaros recuerdan a
Bernie, el pájaro que tenía miedo de volar.
Bernie
creció en un nido extremadamente alto. A lo mejor ustedes
conocen cómo se les enseña a volar a los pájaros.
Es algo espectacular, pero también da un poco de miedo,
porque Mamá y Papá pájaros, cuando los
hijitos pájaro están listos, ¡los empujan
con suavidad fuera del nido cuando no miran! ¿Lo sabían?
Los pájaros caen, naturalmente, pero pronto se dan cuenta
de saben de alguna forma que tienen que extender las alas, comenzar
a batirlas y que al hacerlo, de pronto el viento los elevará
y ¡allá van hacia arriba! Es bastante difícil
que se caigan luego de desplegar las alas para volar, pero Mamá
y Papá pajaritos no les pueden enseñar a volar
en el nido. ¡Piénsenlo! ¡No se vuela mucho
en un nido pequeño!
Bueno, Bernie no quería tener nada que ver con este proceso.
Bernie vio cuando empujaron a su hermana fuera del nido una
mañana temprano, la vio caer y caer y caer y caer. En
el último segundo posible, su hermana extendió
las alas y la batió como loca. ¡Y finalmente voló!
Pero a Bernie le pareció que casi se había estrellado
en el suelo antes de saber qué hacer y a Bernie le dio
miedo. ¡El no quería tener nada que ver con volar!
Bernie dijo: “No hay motivo para que tenga que hacer esto
de volar. Hay algo que está mal en todo el sistema.”
“Bernie convenció a su hermano Bobbie de que todo
el asunto de volar era estúpido. Bobbie no quiso saber
nada de entrenarse para volar tampoco, así que fue a
ver a su mamá para decírselo. Bobbie le anunció
que no quería volar porque tenía miedo y que en
realidad no lo necesitaba, ya que el nido era genial y él
se quería quedar allí. La Mamá lo miró
un largo rato ¡y de golpe lo empujó fuera del nido!
Bobbie cayó y cayó y justo al final desplegó
las alas y las batió y las batió y subió.
Bernie vio todo esto. Era el más joven, porque había
nacido por lo menos dos minutos después de todos los
demás, y sabía que era el próximo. Pensó
para sí: No me importa si mi hermana y hermano pasaron
por esto. Nadie me va a empujar fuera de este nido porque yo
no tengo por qué volar. ¡Esto no es para mí!
Bernie tenía que idear un plan.
Una noche, mientras todos estaban durmiendo, Bernie encontró
un cordel. Era algo que su Papá había traído
al nido para que ayudase a sostenerlo. A veces, cuando se construye
un nido, se combinan toda clase de cosas para hacer que sea
más fuerte, y había un cordel enterrado dentro
de los palitos y paja que formaban el nido. Bernie decidió
atar una punta del cordel a su pata y la otra punta a la parte
estable del nido para que si su mamá lo empujaba afuera
cuando él no se lo esperaba, sólo cayese unas
nueve pulgadas y se salvase de la caída. (Los niños
se ríen.) ¡Era un buen plan!
El problema era que Bernie no había ido a ningún
campamento de exploradores, ¡así que en realidad
no sabía cómo hacer nudos de pájaro! Sin
embargo, lo hizo lo mejor que pudo, hizo un nudo que pensó
que funcionaría y lo escondió cuidadosamente manteniéndose
siempre lejos de su mamá cuando ella estaba por ahí.
Como había previsto, a la noche siguiente, cuando estaba
dormido, ¡su mamá lo arrojó del nido!
¡Funcionó! Cayó y el cordel aguantó.
Ahí estaba Bernie, colgando nueve pulgadas por debajo
en el aire. Estaba oscuro y la Mamá, pensando que Bernie
estaba abajo, batiendo las alas y aprendiendo a volar, se volvió
a dormir. Bernie se quedó colgado ahí en silencio,
pensando cuán inteligente había sido. Trepó
por el cordel con el pico y se volvió a acostar en su
lugar calentito. Estaba muy feliz de no haber tenido que caerse
y volar como su hermana y hermano. Y se durmió.
A la mañana siguiente, cuando la mamá se despertó,
vio a Bernie ahí en el nido, con cordel y todo, y le
dijo: “¡Bernie! ¿Qué estás
haciendo aquí?” Ella (con el pico) señaló
el cordel que Bernie había olvidado retirar de su pata.
Estaba muy preocupada. “¡Me parece que es hora de
que Papi se haga cargo!”, exclamó. “Él
va a hablar contigo sobre todo este asunto.”
Bernie pensó para sí: ¡Qué idiota
fui! ¡Me olvidé de sacarme el cordel! Ahora Papi
se va a entrometer. ¡Ufa!
Por cierto, el Papá volvió al nido justo a tiempo.
Era un pájaro muy grande con un montón de plumas.
Bernie le tenía un poco de miedo a su padre por ser tan
grandote. Pero Papá era un padre amoroso y le preguntó
a Bernie: “Bernie, ¿qué pasa? Todos los
pájaros vuelan. Mira aquí alrededor. Todos están
volando. Es una cosa de pájaros ¡y tienes que aprender!
¿Por qué no quieres volar? ¿Por qué?”
Bernie lo pensó un momento. “Tengo miedo, Papi.”
“¿Por qué tienes miedo?” , le preguntó
el padre a Bernie. “Mira a tu hermana, a tu hermano, a
mí, a tu mamá... todos nosotros volamos. Mira
alrededor. Tus amigos vuelan... los pájaros vuelan, Bernie.
Tú eres un pájaro.”
“Tengo miedo, Papi, ¡porque no hay nada allí!
Dices que el aire nos va a sostener las alas. Es invisible.
Y casi no funciona tampoco. ¿Viste a mi hermano y a mi
hermana cuando se cayeron? ¡Casi no lo logran!”
El padre pensó por un momento. “Aunque no puedas
ver el aire, Bernie, él se pondrá bajo tus alas.
Todo lo que tienes que hacer es extender las alas todo el camino
hacia abajo y el aire te sostendrá arriba. Así
es como volamos todos. Es invisible, pero está ahí”.
“Eso es magia nada más”, dijo Bernie, “el
aire no se puede ver. No me puedes decir que hay aire porque
no lo puedes ver. No está ahí. Quizá la
magia funcione para ti y mamá y mi hermano y mi hermana,
pero yo tengo que verlo antes de creerlo. El aire es invisible.
¿Cómo sé que no me engañan? Yo no
sé cómo vuelan ustedes, pero no hay aire porque
yo no lo puedo ver.”
Bernie hizo una pausa y luego continuó: “Papi,
ya lo resolví. Mira, ¿para qué tengo que
volar? Me gustaría comenzar una nueva raza de pájaros
llamada Pájaro Caminador. (Risas) “¿Por
qué tengo que ser como los demás? Bajaré
caminando por el árbol, encontraré un gusano y
luego subiré caminando por el árbol. Tendré
una linda vida. Encontraré una esposa Pájaro Caminador
en alguna parte. Tendremos hijos Pájaro Caminador. Nacerá
una nueva raza. Algún día mirarán hacia
atrás y dirán: “Este fue el comienzo de
la gran raza llamada Pájaro Caminador.”
El papá de Bernie lo miró por mucho tiempo y murmuró
para sus adentros: “¿Pájaro Caminador?”
Puso los ojos en blanco. “Bien Bernie, creo que es hora
de que te vea Sigg”.
“¿Quién es Sigg?”, preguntó
Bernie vacilante.
“Bueno, es el médico de la bandada, el doctor del
cerebro.” (Risas.) “Vamos a tener que traer a Sigg
para que te vea. Pero, Bernie, cuando el pájaro doctor
del cerebro venga, como es muy sensible, no te equivoques y
lo llames doctor cerebro de pájaro. (Risas.) ”Asegúrate
de llamarlo pájaro doctor del cerebro. Ningún
doctor quiere que le digan doctor cerebro de pájaro.”
* (Risas)
“Papá, no importa lo que me diga el Dr. Sigg. Nadie
puede convencerme de que el aire es real. No puedo verlo.”
Entonces ocurrió. Esa noche, tarde, mientras Bernie dormía,
su madre se le acercó silenciosamente y lentamente empezó
a roer el cordel que todavía usaba para estar a salvo.
¡Luego lo arrojó fuera del nido! Las cosas ocurrieron
muy rápido. Él cayó y cayó ¡y
fue una experiencia horrible! Estaba muy asustado. Estaba helado
de miedo. Miró pasar la corteza del árbol a toda
velocidad y vio que el suelo se le venía encima. Pensó
para sí: “Tengo que extender las alas, pero no
creo en el aire. No puedo creer en él porque no es real;
no lo puedo ver. ¡No puedo hacerlo!”
Por supuesto, no extendió sus alas. Iba directo al suelo
y supo que primero clavaría el pico y terminaría
como un palo en el suelo... ¡con las piernas estiradas
en el aire! Iba a terminar petrificado en el suelo, clavando
el pico. ¡Nadie podría sacarlo y quedaría
como una estatua de pájaro! (Risas) ¡Qué
pesadilla fue ésa!
Jadeo, jadeo...
Por la mañana, Bernie se despertó como de costumbre.
Como era de esperarse, estaba el pájaro doctor del cerebro.
Sigg había llegado a horario.
“Buenos días, Bernie”, dijo Sigg.
“Buenos días, Sr. Cerebro de Pájaro Doctor.
“Es Pájaro Doctor del Cerebro” , dijo Sigg.
“No lo olvides, hijo.”
“Muy bien, Dr. Cerebro de Pájaro”.
“¡Bernie!”, exclamó el médico.
“Lo siento, lo siento”, dijo Bernie... pero no lo
sentía nada. (Los niños se ríen).
“Bernie, ¿a qué le tienes miedo?”,
le preguntó sinceramente el médico.
Bernie comenzó su cantinela de nuevo. “No puedo
creer en el aire. Tampoco lo puedo ver. Sé que todos
ustedes están volando... flap, flap, flap. ....”
Bernie estaba burlándose del vuelo. “¡Solo
que eso no es bueno para mí porque yo tengo que verlo!
Sr. Doctor Cerebro de Pájaro... señor.”
Sigg le frunció el ceño a Bernie nuevamente ante
su deliberada falla al hablar. Bernie se estaba divirtiendo.
Él sabía que al Dr. Sigg no le gustaba que lo
llamasen Doctor Cerebro de Pájaro, sin embargo, cada
vez que se dirigía a él, le decía “Doctor
Cerebro de Pájaro, señor.” . Eso hacía
que sonase mejor.
Sigg le dijo a Bernie: “Bernie, tienes miedo porque no
puedes ver el aire. Pero ¿a qué le temes realmente?”
“Bueno, Doctor Cerebro de Pájaro, señor.
Tengo miedo de caerme y matarme en el suelo, lo que parece sucede
muy rápido cuando se caen los pájaros de sus nidos.
¡Tengo miedo!” Bernie pensó que era una pregunta
estúpida y la respondió un poco estúpidamente
también.
“¿Exactamente, qué es lo que hace que un
pájaro se caiga?”, preguntó Sigg a su joven
alumno.
“Bueno, eeh, supongo que es por la gravedad,” dijo
Bernie.
“Hmmm. La Gravedad.” Sigg hizo una pausa.”
Sabes, Bernie, uno no puede ver a la gravedad realmente, ¿no
es cierto?”
“Bernie pensó un instante. “Bueno, no. No
puedo ver la gravedad.”
“¿Pero crees en la gravedad, Bernie?" Muéstrame
la gravedad.”
Bernie pensó, luego habló. “Bueno, no puedo
mostrarle la gravedad. Si salto del nido, me caeré y
me mataré. Ja, ja. Esa es la gravedad.” Bernie
estaba orgulloso de haber contestado esa pregunta difícil.
“¡Eso es así, exactamente!”, dijo el
doctor. “Puedes probar que existe en cuanto saltas del
nido. Bernie, también puedes probar que al aire existe
cuando saltas del nido porque está ahí igual que
la gravedad. No puedes verlo, pero realmente está ahí.”
A Bernie no le gustó el giro que estaba tomando la conversación.
Por otra parte, Sigg terminó la sesión de orientación
y luego se fue... tomando vuelo mientras lo hacía. Pero
en lugar de brincar hacia delante y salir volando, Sigg le gritó
a Bernie mientras saltaba fuera del nido aparentando caer en
picada.
“¡La gravedad, Bernie!”, gritó Sigg
al caer hacia abajo en picada. “¡Aire, Bernie!”,
dijo Sigg al enderezarse con las alas totalmente extendidas.
Luego se alejó volando suavemente. Se podía escuchar
al Doctor Cerebro de Pájaro cantando mientras se alejaba...
“Ambos son invisibles... ambos son reales.”
Bernie se quedó quieto por un largo rato. Pensó
y pensó. Finalmente, dijo: “Saben, el pájaro,
doctor del cerebro tiene razón. Sólo porque no
puedo verlo realmente no significa que no esté ahí.
La gravedad siempre está allí. Quizá el
aire también. En realidad, es a eso a lo que le tengo
miedo. No lo sabré con certeza hasta que lo intente”.
“Sigg, el pájaro doctor del cerebro, le había
indicado a Bernie que era interesante que hubiese algo que uno
no pudiese ver, como la gravedad, pero que uno supiese que estaba
ahí, ya que uno podía morir a consecuencia de
la caída. Pero había señalado que Bernie
no podía creer en algo que era maravilloso como volar
usando aire invisible. ¡Bernie comprendió que en
realidad le tenía miedo a la gravedad! Quizá el
aire invisible fuese algo parecido a la gravedad invisible,
pero ¿lo salvaría? Bernie decidió que volaría
al día siguiente. Sería valiente y se lo contó
a todos los pájaros del bosque y de los otros nidos.
Les dijo a todos los pajaritos chicos que estaban mirando: “¡Voy
a hacerlo!”
Al día siguiente, Bernie se paró en el borde del
nido. Muchos se reunieron, ya que toda la población de
los nidos conocía el problema de Bernie. Parecía
que cada vez que el pájaro doctor del cerebro visitaba
a algún pájaro, todo el grupo lo sabía.
Esa es una historia para otra oportunidad.
Bernie se irguió. Otra vez les anunció a todos
que era tiempo de confiar en esa cosa invisible llamada ¡AIRE!
Habló durante un largo tiempo sobre la confianza y las
cosas invisibles y luego, con gran coraje y ceremonia, ¡se
lanzó al aire tenue y comenzó la zambullida desde
el nido!
De inmediato, Bernie se encontró bamboleándose
a nueve pulgadas del nido. ¡Se había olvidado de
desatarse el cordel! (Risas) Bernie estaba muy avergonzado y
humillado. ¡Todo el bosque se estaba riendo! Hasta los
que no eran pájaros se estaban riendo. ¡Los ratones
y las ardillas también! Podía escuchar al bosque
resonando con las palabras: “¡El Pájaro caminador...
el gran pájaro caminador!” Entonces Bernie supo
que todo lo que había dicho se había difundido
por todas partes. Tenía que arreglarlo.
Volvió a subir por el cordel, lo cortó, aspiró
de nuevo esa cosa invisible llamada aire y miró alrededor.
El bosque estaba quieto nuevamente. Como saben, los pájaros
bebés no hacen eso por sí mismos. Lo normal es
que sean sorprendidos mientras duermen y arrojados fuera cuando
no se lo esperan. Nunca hacen eso por sí mismos. De alguna
manera, los otros pájaros sabían que estaban viendo
algo distinto. De alguna forma los adultos recordaron que era
como la primera vez. Bernie, el volador renuente, fundador de
la nueva raza llamada “Pájaro Caminador”
estaba por volar por sí mismo fuera del nido... esta
vez sin el cordel.
Y se fue abajo. El miedo se apoderó de Bernie mientras
caía como plomada hacia el suelo. Este no era un sueño.
¡Esta vez era real! Mientras Bernie miraba cómo
pasaba volando a su lado la corteza del árbol y el suelo
se le venía encima a toda velocidad, escuchó una
voz interna diciendo: ¡Las alas! ¡Extiende las alas!
“¡Estoy asustado! ¡Tengo miedo!”, gritó
Bernie mentalmente. Luego, finalmente, tal como habían
hecho su hermana y su hermano, en el último minuto desplegó
esas alitas cortas y regordetas que nunca se habían usado
y comenzó a agitarlas. Por cierto, ese sistema invisible
de sostén llamado aire se encargó de lo demás.
La magia del vuelo que había sido buena para su madre
y padre y su hermana y hermano se apoderó de él.
¡Sintió la elevación y allá fue,
hacia arriba!
Bernie no podía tener suficiente. Voló el día
entero. Voló y voló. Voló lo más
alto que pudo hasta que se le cansaron las alas y entonces celebró
esa cosa que no veía y que todos llamaban AIRE. Se deslizó
alrededor de los árboles y gritó: “¡Mire,
estoy volando!” ¡Como si ningún otro pájaro
hubiese volado antes! Todos ellos aplaudieron a Bernie, no porque
estuviese volando, sino por el coraje del pájaro que
lo había hecho por sí mismo.
Es
una historia simple, ¿no es cierto? Es gracioso pensar
en Bernie y su confianza en lo invisible. Ahora les vamos a
decir lo que significa esto para todos ustedes. Algunos ya lo
saben, ¿no es verdad? Pequeños, hay un ángel
con ustedes ahora mismo. Hay un ángel que nació
con ustedes y ustedes le pueden hablar cuando quieran. Es un
ángel muy simpático y los ama. Tiene la mente
de un niño e incluso sabe cómo piensan. Es un
ángel al que le encanta jugar con los juguetes con los
que juegan ustedes y que crecerá con ustedes a medida
que crezcan. Es un ángel que siempre está disponible
y puede ayudarlos en todo momento.
Ahora bien, alguno de ustedes puede decir: “¡Yo
no veo ningún ángel!” Es porque es invisible,
tal como el aire era invisible para Bernie. Podemos agregar
que este ángel invisible los elevará, incluso
cuando estén en problemas, incluso cuando estén
apenados y las cosas no estén yendo bien. Este es el
ángel que los sostiene con una energía invisible
cuando están cayendo en la oscuridad al tener miedo.
Queremos que recuerden esto porque este ángel niño
estará con ustedes toda la vida. Es hermoso. Es invisible,
pero al igual que Bernie descubrió, es muy, muy real.
Quizá quieran saber más sobre su ángel.
¡Sólo pregunten! Aunque ustedes no puedan ser capaces
de verlo u oírlo como a una persona real, ¡la emoción
del amor y la amistad del ángel será la cosa “real”
que probará que está aquí!
¿Eres un adulto aquí? ¿Dónde fue
el ángel niño? ¿Todavía está
contigo o lo desechaste al crecer? ¿Se rió con
la historia de Bernie? Quizá es tiempo de descubrirlo,
porque nunca se fue. Es tuyo de por vida y te atrae para que
salgas a jugar. En realidad, entonces éste es un cuento
para los adultos, porque es el miedo que tiene el adulto, no
el niño. Es el miedo de uno que no quiere dejar el nido
del intelecto y la aparente realidad para volar a las alturas
de ser niño de nuevo... de jugar otra vez y sentir la
alegría de creer en lo invisible.
¡Y así es!
Kryon
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